¿Por qué es efectivo el life coaching? | Paloma Chiara
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¿Por qué es efectivo el life coaching?

¿Por qué es efectivo el life coaching?

El life coaching funciona por una razón principal: acorta la distancia entre saber lo que tienes que hacer y hacerlo de verdad.

Casi todas las personas que llegan a mis sesiones ya saben qué deberían cambiar. Han leído los libros, han escuchado los podcasts y, si les pidieras un plan, probablemente te lo escribirían en media hora.

Lo que les falta es alguien fuera de su cabeza que haga las preguntas que llevan meses esquivando. Y una estructura que haga difícil saltarse el siguiente paso.

Entonces, ¿es efectivo? Sí y no. Depende del tipo de problema que tengas y de lo que estés dispuesto a hacer entre sesión y sesión. Te explico cómo funciona por dentro y dónde se queda corto.

Por qué el coaching funciona cuando los consejos no

Un consejo da por hecho que te falta información. Si diriges un negocio o tienes un puesto con mucha responsabilidad, casi nunca es eso.

Ya sabes que delegar te liberaría la semana. Ya sabes que los correos pueden esperar hasta mañana. El problema está en el espacio entre saberlo y hacerlo, y ese espacio suele estar lleno de culpa, perfeccionismo y miedo a perder el control.

Ahí es donde trabaja un coach.

La investigación lo respalda más de lo que la gente imagina. Un estudio amplio encontró que el coaching puede dar resultados comparables a la terapia en bienestar. El coaching es un campo más joven que la psicoterapia y la evidencia todavía se está acumulando, pero lo que hay es prometedor.

Las preguntas hacen casi todo el trabajo

La herramienta principal del coaching es una buena pregunta. Concreta, hecha en el momento justo, de esas que te obligan a parar en lugar de soltar la respuesta que ya tenías preparada.

Cuando te preguntas a ti mismo por qué no has hecho algo, la respuesta es siempre la misma. “Estoy liado.” “El mes que viene, cuando esto se calme.”

Cuando otra persona te pregunta “¿qué pasa si lo delegas y sale mal?”, la respuesta cambia. Normalmente se acerca bastante más a la verdadera.

Esto es lo que más se subestima. Es muy difícil sorprenderte con tus propias preguntas, porque ya sabes cuáles estás evitando.

Primero la causa, luego la estrategia

Las estrategias fallan cuando se ponen encima de un problema que no has mirado bien.

Si aplazas una propuesta porque te da miedo que no quede perfecta, una app de tareas nueva no lo va a arreglar. Vas a procrastinar dentro de la app.

Por eso lo primero en coaching es encontrar qué está moviendo ese comportamiento. En personas muy exigentes consigo mismas suele ser alguna de estas cosas: perfeccionismo, culpa por descansar, una identidad construida alrededor de ser quien lo resuelve todo o el miedo a que descubran que “no eres para tanto”.

Cuando el bloqueo real tiene nombre, la estrategia se simplifica muchísimo. A veces casi se escribe sola.

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Sistemas que encajan con tu semana real

El trabajo de mentalidad, por sí solo, se queda en lo abstracto. Puedes entender tu perfeccionismo a la perfección y seguir perdiendo una tarde entera por su culpa.

Por eso la segunda mitad del coaching es diseño. Cómo está construido tu calendario, qué le dices exactamente a un cliente cuando se salta un límite (con las frases escritas) y qué reglas sigues para decidir qué se delega y a quién.

El sistema tiene que encajar con tu semana de verdad, con sus imprevistos y sus días malos. Si está pensado para una versión ideal de ti, lo vas a abandonar en un mes.

Una rendición de cuentas que sirve para algo

Rendir cuentas es el beneficio más evidente del coaching y también el que peor se entiende. Bien hecho, es un circuito de información.

Te comprometes con algo concreto. Vuelves a la siguiente sesión. Lo hiciste o no lo hiciste.

Si no lo hiciste, lo útil es entender por qué, con todo el detalle posible, para que el siguiente intento tenga más opciones de salir bien. “No tuve tiempo” es solo el principio de esa conversación.

En Harvard Business Review lo plantean como la verdadera prueba de si alguien está listo para recibir coaching: estar dispuesto a actuar sobre lo que sale en las sesiones. Estoy de acuerdo. Si vas a las sesiones y no haces nada entre una y otra, el coaching no va a funcionar, y eso depende de ti.

La repetición también cuenta. Un comportamiento nuevo necesita repetirse durante un tiempo antes de salir solo, y las revisiones semanales te mantienen ahí el tiempo suficiente para que se forme un hábito de verdad. Por eso el coaching funciona tan bien con la procrastinación. Si ese es tu bloqueo principal, tengo un artículo entero sobre cómo el life coaching te ayuda a dejar de procrastinar.

Alguien que ve tus patrones desde fuera

Cuando estás dentro de un patrón, no parece un patrón. Parece un mes complicado. Y luego otro mes complicado.

Un coach ve las repeticiones porque escucha cómo te ha ido la semana, cada semana. “Esto vuelve a pasar justo antes de cada entrega” cuesta mucho más ignorarlo cuando lo dice otra persona.

Además, el coach no tiene ningún interés en lo que decidas. Tu pareja, tu socio y tu equipo sí lo tienen. Sus consejos vienen con sus propias necesidades incluidas, aunque te quieran bien, y tú lo sabes, así que los descuentas.

Cuándo el life coaching no es efectivo

El coaching tiene límites, y hacer como que no los tiene es la forma más rápida de acabar decepcionado.

No es la herramienta adecuada para una depresión clínica, un trauma o una ansiedad que te impide funcionar en el día a día. Para eso necesitas un terapeuta con licencia. Explico dónde está esa línea en el artículo sobre si un life coach puede ayudarte con la ansiedad.

Tampoco funciona si buscas a alguien que te dé las respuestas hechas. Un buen coach te pregunta primero qué piensas tú y luego completa lo que falta. Si quieres que te digan exactamente qué hacer, lo que buscas es un consultor (que está muy bien, pero es otro trabajo).

Y no funciona sin el trabajo entre sesiones. La sesión dura más o menos una hora. Todo lo que cambia pasa durante el resto de la semana.

Quién le saca más partido

El coaching funciona mejor con personas que ya son capaces y ya están muy ocupadas. Están atrapadas en un bucle que ven con claridad pero del que no consiguen salir solas.

Algunos de los bucles que más veo:

  • Ir con el depósito en la reserva y llamarlo ambición, que es justo como se va formando el burnout laboral sin que te des cuenta.
  • No delegar nada porque soltar el control se siente como un riesgo que no te puedes permitir.
  • Tomar todas las decisiones tú hasta estar demasiado cansado para tomar buenas decisiones.
  • Ponerte metas enormes cada enero que nunca salen de la libreta.

Si te reconoces en alguno, el coaching es una apuesta razonable. Si no tienes claro si necesitas un coach o un terapeuta, resuelve eso primero y sé sincero contigo con la respuesta.

Qué esperar de las primeras sesiones

Las primeras sesiones son sobre todo preguntas. Qué está pasando, qué has probado ya y cómo sería “estar mejor” en tu semana concreta.

Después todo se vuelve más específico. Sales de cada sesión con unas pocas acciones concretas y el motivo de cada una, porque una tarea cuyo sentido no entiendes es muy fácil de saltarse.

El progreso no va en línea recta. Habrá semanas en las que lo hagas todo. Habrá otras en las que no hagas nada, y muchas veces esas son las más útiles para hablar en la sesión, porque enseñan exactamente dónde se rompe el sistema.

Si quieres explorar si el coaching es para ti, escríbeme.

El momento perfecto fue el trimestre pasado.

Dime dónde estás atascado. Construiremos los sistemas alrededor de eso.

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